José camina desorientado por el paseo marítimo. El sol se despedía ya, hasta la mañana siguiente, claro. José seguía quemándose con su agonía interna. Él. como el sol, también pensaba en despedirse del mundo. Pero él no volvería a la mañana siguiente.
Su decepción y su resignación desembocaban en impotencia. Su antigua esperanza de querer cambiar el mundo desapareció con la aparición de las primeras canas. Como sus padres siempre le dijeron: "Todos hemos sido de izquierdas en la juventud, en plena ebullición. Luego, terminas resignado."
Pensó que mojarse los pies en la orilla del mar le haría bien. Y así, con los pantalones remangados y con los pies desnudos siendo acariciados por olas otrora eufóricas, ahora dormidas, dejó su mente en blanco. Toda su atención se centró en la sucesión de olas y en lo infinito del horizonte. A medio camino entre él y el infinito, divisó una botella de cristal. "Ni el mar se salva", pensó. Volvió a dejar la mente en blanco. Minutos más tarde, la botella se encontraba a sólo diez metros de él. Y esta vez, algo llamó su atención; distinguió algo dentro de la botella. Un papel.
Al fin a su alcance, mas no sin mojarse el pantalón remangado, recogió la botella. Pese a su innata torpeza manual, extrajo del fondo el pergamino. Escrito se hallaba. Comenzó a leerlo con interés:
"
MANIFIESTO DE UN UTÓPICO
Sé que te preguntas cómo ha llegado mi escrito hasta ti. No te lo preguntes más. Tu destino era encontrar esta botella porque el destino de la botella era encontrarte a ti. Eres un elegido.
Sé que te resignas a existir como el que ve una película. Crees que lo que te rodea, poco tiene que ver contigo. Y poco tienes tú que hacer en todo esto. ¿Crees que te conozco? No personalmente, pero conozco la sociedad.
Según los gobiernos, soy un terrorista. Según la sociedad, un utópico. Para ambos, un desquiciado. Pero soy un desquiciado que suda en las noches de invierno. Si bien mi sudor no es de perlas en la frente. Mi sudor es metafísico. Suda mi alma, pues soy un mártir. Pero un mártir muy vivo. No de los que se quitan la vida por un fin, sino de los que dedican la vida a una causa. Soy consciente de que la miel de mi causa jamás será degustada por mi paladar. Combato por los que están por venir.
Gente como yo actúa por separado. Individualmente. Solemos existir uno por ciudad con suerte, uno por país normalmente, uno por continente desgraciadamente. Es por esto que hoy tienes este manifiesto en tus manos.
El mundo puede mejorar. Si ya eres de los míos, de los que creen que el ser humano es bueno por naturaleza, no tengo nada de lo que convencerte. Por favor, devuelve la botella al mar. Si por el contrario, eres alguien normal, por llamarlo de alguna manera, y te encuentras persuadido por mis palabras, habrás dado algo de sentido a mi existencia.
Porque un mundo mejor es posible, ayúdame a poner (o quitar) la primera piedra.
Acúseme de utópico, llámeme Ignacio."
Paz!
domingo, 13 de noviembre de 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
La soledad del pájaro enjaulado.
Todos nacemos libres, y yo no fui una excepción. Pero esta “libertad” duró poco. De un día para otro, me vi entre barrotes. Al principio, pensé que no estaba mal del todo. Tenía agua. Tenía alimento. Incluso lo que después descubrí que era un columpio. Aun así, echaba en falta a mis camaradas. Tenía la esperanza, de que mi estancia en este lugar fuese pasajera. Estaba seguro de que volvería a volar. Pero el tiempo pasó, y no volé.
Poco a poco, no sin amargura, me fui adaptando a esta mi nueva vida. Cada cierto tiempo, conocía a un nuevo ser humano. Todos miran y sonríen. ¿Tendré monos en el pico? De vez en cuando, me silbaban. Al tiempo, tras muchas caras de desconformidad, descubrí que su intención era que cantase con ellos. Con mis ojos intentaba decirles: “Lo siento, pero no me inspiráis.”
Empecé a odiar mi alimento. Alpiste lo llaman. Me sabe a mierda. Lo peor de todo, es que hasta que no lo terminase, no me daban más. Bueno, más que más, preferiría algo distinto que al menos me gustase. Con esa intención lo devoraba, pero nunca conseguí mi objetivo.
Cuando hacía buen tiempo, asomaban mi antro al aire libre. Oía a los pájaros cantar, y entonces cantaba yo también. Pero desafinaba. Siempre desafinaba y reventaba la orquesta. Muchos pájaros me miraban de lejos. Algunos se acercaron. Pero mi compañía humana los espantaba. Podía ver melancolía en sus ojos. Tristeza. Piedad. Los valientes que se acercaban, regresaban entre los suyos decepcionados, como esperando que partiese los barrotes y huyera con ellos. Yo los picoteaba, sin éxito.
Estas visitas me hacían pensar si de verdad era feliz. Sí. Tenía agua, tenía comida. Sobrevivía. Muchos de los míos en libertad no tienen esa suerte. Pero en mi interior surgió el anhelo de libertad, aun teniendo que soportar el riesgo de la muerte. Aceptando la lucha por la supervivencia. Pero en libertad.
Comencé entonces a aborrecerlo todo. Me di cuenta de que ya, no era un pájaro. Me habían cortado las alas. Dudé de si sería capaz de soportar el viento al volar. Ya no soy lo que nací. Dejé de cantar. Dejé de comer. Dejé de beber. Tan solo el anhelo de libertad me movía a seguir respirando. Solía imaginar el día de mi revolución.
¿Moriré en mi espera, o conseguiré mi libertad? Querido lector, tú pones el final a esta historia. Pero no lo imagines. Actúa.
Paz!
domingo, 6 de noviembre de 2011
Soy raro.
Constantemente, vivimos rodeados de personas distintas la una de la otra. Evidentemente, no existen dos personas idénticas... ¿pero existen personas verdaderamente únicas? Yo, personalmente, soy raro. Más raro que un perro verde. Primer motivo que se me viene a la cabeza: ¿por qué te estoy contando esto a ti, a quién posiblemente no conozca? Es decir, ¿qué coño hago con un blog?
Tengo una doble moral natural. Ni provocada ni hipócrita. Por un lado, sigo siendo el mismo niño que baila bajo la lluvia. Sonrisa. Sonrisa. Estridente carcajada. Por otro, soy un viejo. Un viejo que persigue el conocimiento, critica su sociedad y lucha por mejorarla. Un viejo que lee libros, y que se anima a escribirlos. De futbolero a escritor, de hooligan a filósofo, de la noche a la mañana.
Me importa una mierda lo que piensen de mi. Puedo vestir igual en el día de mi cumpleaños o en alguna fiesta especial que cogiendo piñas en el bosque. Me abrigo de sobra aun haciendo calor, no me abrigo lo suficiente pese a hacer frío. Mi madre dice: "Tú, como siempre, al revés del mundo, ¿no?". A lo que yo contesto: "No madre, yo no voy al revés del mundo; el mundo va al revés mía".
Amo África. Ojalá cumpla mi sueño de visitarla por un tiempo. A mí la rutina no me aburre si disfruto de cada detalle. No bebo nada de alcohol, pero me corre cerveza por las venas. Porque sigo creyendo en el amor aunque éste me golpee constantemente demostrándome que todo es sexo.
En fin, soy raro. ¿Único? Seguro. ¿Especial? Quizás. Alguien dirá: "¿Gilipollas?", a lo que yo contestaré: "¿Aún lo dudas?". Pero algo sí sé: soy distinto a ti y a los demás. Y eso me supone un gran alivio. Porque si tú no eres especial, nadie va a serlo por ti. Sé raro.
Paz!
Tengo una doble moral natural. Ni provocada ni hipócrita. Por un lado, sigo siendo el mismo niño que baila bajo la lluvia. Sonrisa. Sonrisa. Estridente carcajada. Por otro, soy un viejo. Un viejo que persigue el conocimiento, critica su sociedad y lucha por mejorarla. Un viejo que lee libros, y que se anima a escribirlos. De futbolero a escritor, de hooligan a filósofo, de la noche a la mañana.
Me importa una mierda lo que piensen de mi. Puedo vestir igual en el día de mi cumpleaños o en alguna fiesta especial que cogiendo piñas en el bosque. Me abrigo de sobra aun haciendo calor, no me abrigo lo suficiente pese a hacer frío. Mi madre dice: "Tú, como siempre, al revés del mundo, ¿no?". A lo que yo contesto: "No madre, yo no voy al revés del mundo; el mundo va al revés mía".
Amo África. Ojalá cumpla mi sueño de visitarla por un tiempo. A mí la rutina no me aburre si disfruto de cada detalle. No bebo nada de alcohol, pero me corre cerveza por las venas. Porque sigo creyendo en el amor aunque éste me golpee constantemente demostrándome que todo es sexo.
En fin, soy raro. ¿Único? Seguro. ¿Especial? Quizás. Alguien dirá: "¿Gilipollas?", a lo que yo contestaré: "¿Aún lo dudas?". Pero algo sí sé: soy distinto a ti y a los demás. Y eso me supone un gran alivio. Porque si tú no eres especial, nadie va a serlo por ti. Sé raro.
Paz!
jueves, 3 de noviembre de 2011
Fight the power.
Veo conspiración por todos lados. A veces me preocupo. Mi cabeza está enferma. Pero no, mi cabeza está lúcida. El mundo está enfermo. Seas optimista, pesimista o neutral, has de poder verlo. Y esta enfermedad no la curan ni Rajoy, ni el euro ni los mercados juntos. El mundo es un tren, y por muchas nacionalidades, razas o religiones que quieran inventar, todos estamos en el mismo vagón. Este tren se precipita a un precipicio. ¿Qué maquinista tan malvado, no? Sin democracia, somos meros pasajeros que vagamos sin rumbo entre los pasillos de nuestro vagón. Los cristales de las ventanas, tintados, para no ver el precipicio. No debemos sentir temor, como no siente temor la oveja que sigue al pastor sin preguntarse a donde. Abre los ojos. Rompe puertas. Entra en la sala de máquinas. Combate la autoridad.
Pero no es fácil. Ellos, los que gobiernan este mundo, que por cierto no siempre coinciden con políticos ni reyes, no quieren que luches. Es más, no quieren que te muevas. Quieren que obedezcas. Limitarán tus derechos. Te robarán. Te atarán de manos y pies con leyes que no tienen sentido. Silenciarán tu libertad de expresión si hablas peligroso. Combate la autoridad.
Porque... ¿qué forma de vida más noble que combatir por nuestros derechos y por los derechos de quienes vendrán? ¿Vas a seguir agachando la cabeza al recibir la bofetada? ¿Vas a mirar a otro lado cuando introduzcan su mano en tu bolsillo? Toma las riendas de tu destino. Sal a la calle y cambia tu presente. Cambia tu futuro.
Habrá que atravesar la ilegalidad. Desobediencia civil. Porque el mejor ciudadano no es el que cumple las leyes que le dictan, sino las que le dicta su moralidad. Y para los que vean utópica esta situación... allí arriba nos temen. Y mucho. Power to the people. Fight the power!
Combate la autoridad.
Paz!
Pero no es fácil. Ellos, los que gobiernan este mundo, que por cierto no siempre coinciden con políticos ni reyes, no quieren que luches. Es más, no quieren que te muevas. Quieren que obedezcas. Limitarán tus derechos. Te robarán. Te atarán de manos y pies con leyes que no tienen sentido. Silenciarán tu libertad de expresión si hablas peligroso. Combate la autoridad.
Porque... ¿qué forma de vida más noble que combatir por nuestros derechos y por los derechos de quienes vendrán? ¿Vas a seguir agachando la cabeza al recibir la bofetada? ¿Vas a mirar a otro lado cuando introduzcan su mano en tu bolsillo? Toma las riendas de tu destino. Sal a la calle y cambia tu presente. Cambia tu futuro.
Habrá que atravesar la ilegalidad. Desobediencia civil. Porque el mejor ciudadano no es el que cumple las leyes que le dictan, sino las que le dicta su moralidad. Y para los que vean utópica esta situación... allí arriba nos temen. Y mucho. Power to the people. Fight the power!
Combate la autoridad.
Paz!
martes, 1 de noviembre de 2011
¿Discotecas diversión?
A veces me planteo seguir la filosofía de vida del "Vive y deja vivir", pero joder, soy demasiado cabrón. Así que siguiendo mi naturaleza, voy a dar por culo hasta que no pueda más y voy a criticar todo aquello que mal me parezca, que no me guste o que simplemente no comparta. Todo sea desde el respeto, ¿no?
Discotecas. ¿Qué es una discoteca, objetivamente hablando? Local público con horario preferentemente nocturno donde se escucha y se baila música grabada y se consumen bebidas. Vamos analizando. Generalmente, se trata de un local cerrado. Es decir, aunque sea en el peor de los inviernos, calor tremendo asegurado. Gente que baila, es decir, chorreando sudor por todos sus poros, y después cuando yo vengo de jugar a fútbol me dicen que no me ponga cariñoso, no te jode. La mayoría de la gente que baila, drogada. Pero en fin, que voy a decir yo de esto.
¿Qué baila esta gente? O bien reggaeton o bien música electrónica. Contra esta última, no la comparto pero me parece respetable. Pero lo del reggaeton... es algo... con lo que no puedo. Primero, la mayoría de los cantantes se creen rappers. Segundo, las bases son casi todas iguales, y si no son iguales, al menos usan elementos muy parecidos a la hora de crear la base. Tercero, y elemento más penoso. La calidad lírica. Frases clásicas de una canción de reggaeton:
-Dale mamita que esta noche vamos a ser muy malos.
-Ya tu sabes que cuando yo le doy al mambo tu vienes corre que corre.
-Ven pa´ ca´puta que perreando perreando te voy a hacer sudar.
Un mensaje social impresionante. Para ponerlo a los niños en el colegio. Pero bueno, pasemos página que me voy. ¿Discoteca local público? Los cojones. ¿No puedo entrar si no llevo zapatos? Pues que os follen. ¿Me vais a hacer gastarme una pasta para pasar una noche en vuestro local? Me voy y me emborracho en un parque, total, voy a terminar bailando igualmente y seguro que me lo paso mejor.
Otra cosa. Creo firmemente en el diálogo como vía para conocer gente, aprender y divertirse. ¿Se puede dialogar en una discoteca? A duras penas, macho.
Y ya ni hablar de que se pase a tías gratis con tal de que vayan ligeras de ropa... ¡no os enfadéis conmigo, si os estoy defendiendo! Eso sí, si vas borracha y con poca ropa y no te pasan gratis, no me culpes a mí, será que eres muy fea.
Discotecas llenas y bibliotecas solas. Por mí, ya lo veis, ojalá ardiesen todas. Dedicado a las pavas que hablan de ellas como templos de la música cuando no son más que burdeles del siglo XXI, más modernos a la vez que agobiantes. ¿Vive y deja vivir? Baaah, demasiado aburrido, tío.
Paz!
Discotecas. ¿Qué es una discoteca, objetivamente hablando? Local público con horario preferentemente nocturno donde se escucha y se baila música grabada y se consumen bebidas. Vamos analizando. Generalmente, se trata de un local cerrado. Es decir, aunque sea en el peor de los inviernos, calor tremendo asegurado. Gente que baila, es decir, chorreando sudor por todos sus poros, y después cuando yo vengo de jugar a fútbol me dicen que no me ponga cariñoso, no te jode. La mayoría de la gente que baila, drogada. Pero en fin, que voy a decir yo de esto.
¿Qué baila esta gente? O bien reggaeton o bien música electrónica. Contra esta última, no la comparto pero me parece respetable. Pero lo del reggaeton... es algo... con lo que no puedo. Primero, la mayoría de los cantantes se creen rappers. Segundo, las bases son casi todas iguales, y si no son iguales, al menos usan elementos muy parecidos a la hora de crear la base. Tercero, y elemento más penoso. La calidad lírica. Frases clásicas de una canción de reggaeton:
-Dale mamita que esta noche vamos a ser muy malos.
-Ya tu sabes que cuando yo le doy al mambo tu vienes corre que corre.
-Ven pa´ ca´puta que perreando perreando te voy a hacer sudar.
Un mensaje social impresionante. Para ponerlo a los niños en el colegio. Pero bueno, pasemos página que me voy. ¿Discoteca local público? Los cojones. ¿No puedo entrar si no llevo zapatos? Pues que os follen. ¿Me vais a hacer gastarme una pasta para pasar una noche en vuestro local? Me voy y me emborracho en un parque, total, voy a terminar bailando igualmente y seguro que me lo paso mejor.
Otra cosa. Creo firmemente en el diálogo como vía para conocer gente, aprender y divertirse. ¿Se puede dialogar en una discoteca? A duras penas, macho.
Y ya ni hablar de que se pase a tías gratis con tal de que vayan ligeras de ropa... ¡no os enfadéis conmigo, si os estoy defendiendo! Eso sí, si vas borracha y con poca ropa y no te pasan gratis, no me culpes a mí, será que eres muy fea.
Discotecas llenas y bibliotecas solas. Por mí, ya lo veis, ojalá ardiesen todas. Dedicado a las pavas que hablan de ellas como templos de la música cuando no son más que burdeles del siglo XXI, más modernos a la vez que agobiantes. ¿Vive y deja vivir? Baaah, demasiado aburrido, tío.
Paz!
domingo, 30 de octubre de 2011
La muerte del alma.
Muchas veces me pregunto como será mi muerte. Por un lado, me gustaría morir durmiendo, habiendo alcanzado la paz. Inspirar, expirar, inspirar, expirar y... dejar de respirar. Por otro, me gustaría morir como se muere en las películas. Salvando a quién amo. Pero Hollywood es demasiado utópico, ¿no?
No. Realmente, me gustaría morir con dignidad. ¿Qué menos no? Porque existen muertes demasiado terribles. Terribles por dolorosas. Terribles por tristes. Dolorosas, tintadas de rojo. Sangre que brota más viva que nunca, dejándote inerte para siempre. La bala que te vuela la caja de los sesos. La navaja que atraviesa tu pecho. El impacto contra el suelo desde un quinto piso. Muertes terribles. Terribles por dolorosas.
Pero no. No son las muertes que más me asustan. ¿Imagináis lo terrible que debe ser morir por desidia? Aburrirse de vivir. Respirar sin sentir el oxígeno. Asomar a la ventana y quedarse viendo la vida. Sin expresión alguna en la cara. La vida corre delante tuya, pero no quieres seguir su ritmo. Y poco a poco, dejar de sentirlo todo a no sentir nada. Indiferencia ante tu alrededor. Morirse del asco. Terrible. Terrible por triste. La muerte del alma.
Paz!
No. Realmente, me gustaría morir con dignidad. ¿Qué menos no? Porque existen muertes demasiado terribles. Terribles por dolorosas. Terribles por tristes. Dolorosas, tintadas de rojo. Sangre que brota más viva que nunca, dejándote inerte para siempre. La bala que te vuela la caja de los sesos. La navaja que atraviesa tu pecho. El impacto contra el suelo desde un quinto piso. Muertes terribles. Terribles por dolorosas.
Pero no. No son las muertes que más me asustan. ¿Imagináis lo terrible que debe ser morir por desidia? Aburrirse de vivir. Respirar sin sentir el oxígeno. Asomar a la ventana y quedarse viendo la vida. Sin expresión alguna en la cara. La vida corre delante tuya, pero no quieres seguir su ritmo. Y poco a poco, dejar de sentirlo todo a no sentir nada. Indiferencia ante tu alrededor. Morirse del asco. Terrible. Terrible por triste. La muerte del alma.
Paz!
domingo, 23 de octubre de 2011
La capacidad de emocionar.
Las personas que poseen el vicio de crear están acostumbradas a recibir críticas. Unas buenas. Otras malas. Unas decepcionadas. Otras asombradas. Mantener la calma es la clave. Los humos a ras de suelo, pero la cabeza siempre alta. Aun así, el autor de una creación considera a ésta su hija. El fruto de su trabajo y esfuerzo. Y es imposible obviar el orgullo que siente por él mismo.
Sin embargo, este orgullo llega a un punto que es difícil de describir. Cuando el poder que ejerce tu obra llega a conmover. En mi caso personal, mis armas son las palabras. La capacidad de expresión.
Mágico es el momento en que tus palabras logran captar la atención del público. Sientes clavados sus ojos. Sientes en ti sus pensamientos. Reflexionando sobre tus palabras. Recitando suave, soplando en la fibra sensible de cada uno, llegando a cada rincón de sus corazones. Parando respiraciones. Un momento mágico.
A mí me ha tocado vivirlo en un sentido homenaje a mis abuelos maternos. Casi cincuenta integrantes de la familia pendientes de mis palabras. Y las lágrimas de mi abuela acariciando sus mejillas. Un instante para enmarcar, pero que deja con la sensación de: “Joder, si lo llego a saber no escribo nada”.
Así como lo sentí te lo cuento. Es el regalo al creador. La capacidad de emocionar.
Paz!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)