jueves, 12 de enero de 2012

Arde, política. Quiero vivir.

 He pasado demasiado tiempo. Demasiado tiempo leyendo este libro. En realidad, sólo un año llevo sumergiéndome entre las páginas de este libro, de este libro al que llaman política. Arded en la hoguera. No os quiero conmigo. Este libro me envenenó corrompiendo mi sangre hasta convertirme en algo cercano a un ser vil, un ser movido por intereses económicos, un ser dispuesto a derramar sangre inocente por obtener poder. Estuve a punto de convertirme en un político. Hoy, arrojo el libro al contenedor. Pero no, en un contenedor podría caer en manos inocentes. Hoy cojo el mechero y le pego fuego a la política.

 Lo que en principio pensé que podía llegar a ser la política, una actividad en la que a través de tus ideas podías probar a mejorar el mundo, se me ha descubierto como un mundo de mentira, injusticia, hipocresía y maldad. ¿He dicho se me ha descubierto? Oh, realmente estaba muy enfermo, ¿cómo pude llegar a pensar algo bueno de la política? Aun me resiento de este virus que me dejó al borde del abismo.

 ¿Defiendes tu ideología porque te hace libre? Lo siento amigo, pero cuando te conviertes en esclavo de unas normas, de unos libros, de unos escritos o de unos discursos, no eres libre. Si alguna vez me casé con una postura ideológica, pido perdón. Hoy día, sólo me interesa la filosofía, la sociología, la antropología...

 Porque he decidido que quiero vivir mi vida entregándome a una causa humana, a una causa social. Quiero dedicar mi vida a aprender a vivir de la mejor manera posible, arrimando el hombro para mejorar la vida del que no tenga las mismas oportunidades. Puede sonar mal, pero hoy creo que dedicar toda una vida a destruir lo impuesto, es una misión honrosa. El mundo está enfermo, y si no nos ponemos los guantes y nos lanzamos al fango, todo va a seguir igual.

 Hoy quemo la política, pero activo la lucha.


 Paz!