martes, 24 de septiembre de 2013

Hoy, una vez más

Hoy he vuelto a sentir el placer de acariciarte el pelo, pasarte un dedo por la mejilla y sonreír con el hoyuelo de la misma que tan poco te gusta. Hoy, una vez más, has vuelto a darme mucho con poco. Hoy, una vez más, vuelves a darme respuesta a mis preguntas.

No es fácil, vivir, no. Y yo probablemente no sea la persona que aparento ser. No diría que soy una persona segura de sí misma, porque esa afirmación implica demasiada certeza, y por el contrario, soy bastante más inestable. Cuando uno tiene tan presente su individualidad se convierte en un ser algo más autosuficiente -nadie lo es lo bastante-, pero inestable. Así ocurre. Detalles insignificantes que te colocan arriba o te hunden abajo. Dos formas de encarar la mañana, la tarde, el día, la noche o la vida. Y todo depende de ti. No es fácil ser juez de uno mismo.

Cada persona necesita un punto de referencia, una brújula para recuperar el norte. Yo, que elegí desprenderme de ellas y ser mi propio guía, no puedo renunciar a ti. Porque renunciar a ti es renunciar al oxígeno. Me orientas con tus sonrisas y defines mi personalidad a cada gesto. Me vuelves loco y me haces sentir vivo. Y si la distancia nos separa... más me aferro a ti.

Eres un misterio, tú. Y generas preguntas en mí, preguntas de las que probablemente yo sea el único culpable. Pero das las preguntas que necesito y nadie más sabe responder. No hay nadie. Nadie. Nadie que sepa responder esas preguntas. Y tú lo haces con la naturalidad y la improvisación que te caracteriza. Cada sonrisa. Cada gesto.

Por personas como tú -ojalá existan más- merece la pena vivir la vida. Eres un argumento muy valioso para levantarme cada día. Haber llegado a conocerte me hace sentir que merece la pena vivir así. Eres lo más especial que he encontrado y tengo en mi vida.

Te quiero.





P.D.: Me encanta tu bigote.