martes, 14 de junio de 2011

El respeto.

¿Qué es el respeto?  No podemos tocar el respeto, ni acariciarlo, ni abrazarlo, ni besarlo… el respeto es algo inmaterial. Pertenece al mundo de lo abstracto. Al mundo de los sentimientos, de las emociones. Algo que no camina por la calle, sino que se pasea por nuestra cabeza y recorre nuestro corazón.

Es difícil aportar una definición de lo que es el respeto, más que nada por las distintas percepciones (unas más correctas que otras) que existen del mismo. Muchos hacen del respeto su forma de vida. Unos lo usan para vivir, otros para sobrevivir.

Supongo que el respeto es la visión de que todos somos iguales. Todos tenemos la misma capacidad, nadie vale más que nadie. Tiene una cara basada en la igualdad. Respetar significa no dañar la integridad de una persona, cualquier persona, ni física ni psicológicamente. A veces el respeto actúa como una barrera, una protección, un escudo que protege a cada persona. O al menos eso debería ser, pero no siempre es así. Es tan fácil no respetar… respetar significa no atravesar un escudo inexistente en torno al aura de una persona. Tan difícil respetar y tan fácil faltar al respeto, la invasión de una persona siempre estará al alcance de la mano…

A sí mismo, otra cara del respeto significa aceptar las decisiones de una persona pese a estar en contra de estas. Somos iguales. Si él está equivocado, también lo puedo estar yo. Existe una pequeña parcela dentro del respeto llamada dignidad. La dignidad es el respeto mínimo que ha de tener una persona. Y este cordón de seguridad si debe permanecer infranqueable, pues topa de lleno con los derechos fundamentales de los derechos humanos. Pero mucha parte de la conservación de la dignidad depende de la propia persona en sí y de sus actos. Hay que respetarse a uno mismo.

A esto lo llamaríamos definición de respeto. A parte, podemos obtener el respeto de dos formas muy diferentes. O bien respetando, siendo buenas personas y creando una reputación, es decir, forjar este escudo a base de buenos actos, o mediante la fuerza, mediante la violencia. Esta segunda forma de obtener respeto no merece respeto. Se basa en las amenazas, en el poder de un puño y no de un razonamiento. Debemos repeler estas actitudes. Es la línea que separa el respeto del miedo.

El hecho de obtener respeto a base de buenos actos lleva consigo la consecuencia de ser infravalorado. De ser menospreciado. De parecer una “hermanita de la caridad”. Mucha gente querrá abusar de la buena conciencia de algunos para crear su propia muralla de respeto a base de violencia, fuerza y sangre. Combatamos al abusón, tendamos la mano al discriminado.

Ustedes eligen, señores. El respeto es legítimo. La forma de obtenerlo es elegible. Mediante la igualdad, la libertad y la tolerancia, o mediante la fuerza y la violencia. Ustedes eligen. Respeten si quieren ser respetados.


Paz.