-¡Eh! ¡Otra a las tres y media!
-Maldita sea... ¡OTRA! A las once.
-Vale, pero te has perdido la más grande de toda la noche.
-La más grande no es siempre la más espectacular. La mía perduró un buen rato.
-Anda, cállate... estoy concentrado.
-Oye, ¿no te ha pasado que le ves algo distinto a una en especial? Sí, espera, déjame hablar. Llega de repente, en un abrir y cerrar de ojos, y parece que se detiene para mirarte a los ojos y... y guiñarte. Sí, te guiña. Te invita. Y la ves ahí, tan cerca, que alzas la mano para acariciarla con los dedos, pero... se esfuma. Se esfuma...
-Obviamente, no hablas de una estrella fugaz, ¿no?
-No, no hablaba de una estrella fugaz...
Paz!
viernes, 31 de agosto de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
Antifaz.
Tocaré en tu puerta para anunciarte que el sol ha nacido en este nuevo día. Serán dos toques. Uno leve, otro intenso. Un segundo entre cada uno. No hay prisa. Abrirás la puerta intentado abrir los ojos así como disimulando un bostezo. Contemplarás mi figura y me temerás. No encontrarás una sonrisa en mi cara, sólo el marco de quién hace su deber. Te ofreceré mi mano, y tú la cogerás.
Para ti no dejaré de ser un desconocido en todo el día. Tampoco en la noche. Caminaremos sobre el agua de los ríos más salvajes. Peinaremos las cimas de las montañas más altas, haciendo de éstas templos para el invoque de Inspiración. Caminaremos sin mirar al vacío por los precipicios más peligrosos, haciendo de la vida un juego que no vale más que una partida de dominó en un bar de jubilados.
Te lo daré todo. Pero tu querrás más.Nos tenderemos en la arena durante los últimos susurros de la noche, observando la Luna y jugando a atraparla con los dedos, mas acariciando aire y descubriendo que es algo más que simple aire. Me mirarás a los ojos, jugando a escrutar mi rostro serio. "Hazme el amor", dibujaron tus labios. "Hazme el amor", suplicaron tus ojos. "Deséame", sollozó tu alma.
Mas los primeros destellos de luz nos sorprendieron. Volví a dejarte en tu casa. No volverán esos dos toques en la puerta. No volverás a ver tendida mi mano. No volverás a verme. Pero jamás me olvidarás.
Paz!
Para ti no dejaré de ser un desconocido en todo el día. Tampoco en la noche. Caminaremos sobre el agua de los ríos más salvajes. Peinaremos las cimas de las montañas más altas, haciendo de éstas templos para el invoque de Inspiración. Caminaremos sin mirar al vacío por los precipicios más peligrosos, haciendo de la vida un juego que no vale más que una partida de dominó en un bar de jubilados.
Te lo daré todo. Pero tu querrás más.Nos tenderemos en la arena durante los últimos susurros de la noche, observando la Luna y jugando a atraparla con los dedos, mas acariciando aire y descubriendo que es algo más que simple aire. Me mirarás a los ojos, jugando a escrutar mi rostro serio. "Hazme el amor", dibujaron tus labios. "Hazme el amor", suplicaron tus ojos. "Deséame", sollozó tu alma.
Mas los primeros destellos de luz nos sorprendieron. Volví a dejarte en tu casa. No volverán esos dos toques en la puerta. No volverás a ver tendida mi mano. No volverás a verme. Pero jamás me olvidarás.
Paz!
jueves, 23 de agosto de 2012
Bóvedas de piedra.
Somos dos locos que saltan de piedra en piedra pa cruzar el río y no siguen el camino, nuestro destino es ir contracorriente y no desvarío, si te digo, que nuestra soledad es compañera y que la muerte no nos espera pues es pasado. ¿Tú soltero? Yo casado, y feliz, pues el estilo es la única esposa que no me meterá el dedo en la nariz. Al fin, llegamos, a la caverna, allí donde el tiempo no existe y la vida es eterna!
¿Y quién va a seguir nuestro ritmo? Destrozo tu calculadora de raíces y logaritmos. Yo sólo creo en naturaleza, y en mi cabeza, donde las cosas dan la vuelta y el político muere en la celda. Quién hace la ley hace la trampa y... la justicia es una puta, aquí el ladrón es honesto comparado con el que juzga. Una luz azul alumbra mis pasos, iluminando ese túnel que desafío descalzo. Un claxon me avisa de lo frágil que soy aunque me crea inmortal en este folio, que al final todos seremos ceniza y que al amor se impone el odio, mas yo soy el ave fénix que alcanza el cénit tras su fin...
Ahora soy cenizas deja que llegue el fuego...
Ahora soy cenizas deja que llegue el fuego...
¿Y quién va a seguir nuestro ritmo? Destrozo tu calculadora de raíces y logaritmos. Yo sólo creo en naturaleza, y en mi cabeza, donde las cosas dan la vuelta y el político muere en la celda. Quién hace la ley hace la trampa y... la justicia es una puta, aquí el ladrón es honesto comparado con el que juzga. Una luz azul alumbra mis pasos, iluminando ese túnel que desafío descalzo. Un claxon me avisa de lo frágil que soy aunque me crea inmortal en este folio, que al final todos seremos ceniza y que al amor se impone el odio, mas yo soy el ave fénix que alcanza el cénit tras su fin...
Ahora soy cenizas deja que llegue el fuego...
Ahora soy cenizas deja que llegue el fuego...
lunes, 20 de agosto de 2012
No importa ya.
No importa ya, lo que pase ahí fuera
No importa ya, lo que pase ahí fuera
No importa ya, lo que pase ahí fuera
Yo estaré en mi cuaderno.
Los cimientos de lo que creías tu destino caen y te ves
perdido, sediento, de ilusiones que endulcen el tedio que para ti significa
seguir viviendo. El mejor remedio en serio no es la droga, que es una soga que
al final te ahoga. En la cuerda floja la escritura fue mi salvavidas, el
escritorio el mejor refugio, ese día el alma que dentro anida rugió. Sólo te
recomiendo, libertad para la pluma que vuela sin censura allí donde el tiempo
se esfuma y la educación más que adiestramiento es cultura.
Sin duda alguna vida no hay más que una, por ello disfrútala
sin pensar en el mañana que al fin y al cabo es algo incierto, la velada con mi
destino será en mar abierto sin saber nadar más nada me detendrá en mi cruzada,
soportaré la helada pues mi gozo yace en un pozo y se llama cuaderno. Ahora te
toca a ti pensar en qué malgastar tu tiempo.
No importa ya, lo que pase ahí fuera
No importa ya, lo que pase ahí fuera
No importa ya, lo que pase ahí fuera
Yo estaré en mi cuaderno.
No me importa nada, nada, lo que pase ahí fuera. La vida es
una mentira, y yo trato de encontrar mi propia realidad en mi cabeza, plasmando
con tinta lo que a mi parecer, es magia…
Paz!
lunes, 13 de agosto de 2012
Gris.
Me desperté. Sería importante indicar a qué hora, pero desde que me decidí a vivir sin reloj para ser inmune al tiempo, no tengo esa referencia. Primero abrí un ojo. Después, el otro. Me estiré sin ganas mientras hacía el intento de recordar la noche anterior. Nada, imposible. Deduje que Javier, aquel amable señor encargado de recoger la basura, me acompañaría a mi piso como cada madrugada del jueves.
Me apliqué un poco de agua del grifo sobre el cuerpo y me ajusté na camisa que yacía arrugada al pie del armario, donde se guardan las cosas que no tienen vida. Bajé las escaleras, comidas de roña, y salí a la calle. Tras avanzar unos metros, giré a la derecha y, tras introducirme en un portal y bajar unas escaleras, llegué a la taberna.
Poco importa su nombre, pues jamás la encontraréis. Sólo os diré que el jueves era mi domingo, y aquel antro, mi iglesia, donde acudía a redimirme, resucitar y volver a sentirme bien conmigo mismo. Entré al cuartito situado a la izquierda del letrero y me desnudé por completo. Tras ello, busqué la barra.
Allí acudíamos desnudos, y no reíamos por ver una polla más grande o más pequeña o un trasero más o menos peludo. Allí mirábamos a los ojos. Una vez en la barra me atendió Jessica. "¿Lo de siempre, don Vicente?". "Lo de siempre, Jessie. Dos hielos". Hermosa en toda ella, fogosa en cabello, ojos y labios, siempre que tras varios pares de copas terminaba acostándome con ella, me sorprendía su instinto felino. Te miraba a los ojos antes, después y mientras jugaba contigo. Te besa, te lame y después te muerde. Tras el orgasmo encendía un cigarro y se marchaba elegante, sinuosa, y sin mediar palabra.
Tras retirar lo que era mío, me volví hacia la esquina donde se encontraba aquella silla coja, carcomida, de amenazantes astillas y, para colmo, fea. Aquella era mi silla. Y alrededor de ellos, mis dos amigos Jean-Pierre y Dominique. Sonreí en la distancia y me senté con ellos. Los tres nos considerábamos artistas, pues vivíamos de nuestro arte sin más oficio que ese. Vivíamos de la escritura, pero Dominique prefería la pintura, de hecho, suyos eran los feos cuadros abstractos que adornaban la taberna. Vivíamos de nuestro arte, aunque malviviéramos. Comenzamos a hablar del ser humano. De todas las personas que sobraban. Tan vulgares. Hablamos de todo lo malo que había hecho. Discutimos cómo podíamos odiarlo tanto y amarlo pese a todo, sin que lo primero imposibilitara lo segundo. Cuando me vi hablando con cuatro personas, llamé a Jessie.
Me apliqué un poco de agua del grifo sobre el cuerpo y me ajusté na camisa que yacía arrugada al pie del armario, donde se guardan las cosas que no tienen vida. Bajé las escaleras, comidas de roña, y salí a la calle. Tras avanzar unos metros, giré a la derecha y, tras introducirme en un portal y bajar unas escaleras, llegué a la taberna.
Poco importa su nombre, pues jamás la encontraréis. Sólo os diré que el jueves era mi domingo, y aquel antro, mi iglesia, donde acudía a redimirme, resucitar y volver a sentirme bien conmigo mismo. Entré al cuartito situado a la izquierda del letrero y me desnudé por completo. Tras ello, busqué la barra.
Allí acudíamos desnudos, y no reíamos por ver una polla más grande o más pequeña o un trasero más o menos peludo. Allí mirábamos a los ojos. Una vez en la barra me atendió Jessica. "¿Lo de siempre, don Vicente?". "Lo de siempre, Jessie. Dos hielos". Hermosa en toda ella, fogosa en cabello, ojos y labios, siempre que tras varios pares de copas terminaba acostándome con ella, me sorprendía su instinto felino. Te miraba a los ojos antes, después y mientras jugaba contigo. Te besa, te lame y después te muerde. Tras el orgasmo encendía un cigarro y se marchaba elegante, sinuosa, y sin mediar palabra.
Tras retirar lo que era mío, me volví hacia la esquina donde se encontraba aquella silla coja, carcomida, de amenazantes astillas y, para colmo, fea. Aquella era mi silla. Y alrededor de ellos, mis dos amigos Jean-Pierre y Dominique. Sonreí en la distancia y me senté con ellos. Los tres nos considerábamos artistas, pues vivíamos de nuestro arte sin más oficio que ese. Vivíamos de la escritura, pero Dominique prefería la pintura, de hecho, suyos eran los feos cuadros abstractos que adornaban la taberna. Vivíamos de nuestro arte, aunque malviviéramos. Comenzamos a hablar del ser humano. De todas las personas que sobraban. Tan vulgares. Hablamos de todo lo malo que había hecho. Discutimos cómo podíamos odiarlo tanto y amarlo pese a todo, sin que lo primero imposibilitara lo segundo. Cuando me vi hablando con cuatro personas, llamé a Jessie.
martes, 7 de agosto de 2012
Contracorriente.
Eché la llave y comencé a andar. Harto de estar encerrado en casa, comprendiendo que Inspiración había salido a tomar una copa, huí a respirar el aire nuevo. No iba arreglado, ni siquiera peinado, pero claro, llevaba años sin hacerlo. La barba de tres días, o cuatro, no sé, quizás cinco. Mi única compañera, mi mochila, herida de gravedad por las trincheras que ha atravesado a mi espalda. En su interior, mis tres compadres, los únicos sin los que, he de reconocerlo, no podría continuar escalando. Libreta, estilo, libro.
El sol apagaba la luz de su mesita de noche cuando arribé al pueblecito más cercano. A la entrada, una humilde parada de autobús atestada de gente. Unos mayores, otros más jóvenes, pero la mayoría, de mi edad. Yo llegaba, ellos marchaban. Todos muy elegantes, por cierto, pese a que el frigorífico de muchos de ellos esté falto. Hoy era noche de fiesta. Noche de lujuria, pasión, ostentación, exceso, y por último, goce.
Pasé de largo y continué mi camino sin destino. Decidí reposar en una colina desde la cual podía divisar el pueblo desde arriba. Silenciosos, los ancianos descansaban, los adultos deambulaban, los jóvenes huían. Saqué la libreta y con el estilo de mi mano, comencé a escribir el paisaje.
Mis párpados se abrieron con los primeros destellos de luz. Tomé el camino de vuelta y durante la misma, me tropecé con aquellos jóvenes que huyeron del lugar donde yo había encontrado la paz. ¡Vaya caras! Las cremas de ellas reflejaban haber llorado durante la noche, los rostros de ellos mostraban otros productos de belleza que obviamente no les eran propios. Las medias rasgadas de ellas reflejaban la adrenalina del sexo; las camisas arrugadas de ellos, el trabajo bien hecho. Los tumbos del pelirrojo, el que sabe que ha hecho algo mal. El rostro serio del inmaculado, el que no hizo los deberes. Las risas divertidas de ellas reaccionaban ante lo que su amiga se había tragado. Una noche de historias, sin duda.
¿Pero quién dice que esas historias fueran mejores que la mía? La noche fue mágica, mereció la pena, si yo tenía una gran historia, o en su defecto, un par de frases buenas...
Paz!
El sol apagaba la luz de su mesita de noche cuando arribé al pueblecito más cercano. A la entrada, una humilde parada de autobús atestada de gente. Unos mayores, otros más jóvenes, pero la mayoría, de mi edad. Yo llegaba, ellos marchaban. Todos muy elegantes, por cierto, pese a que el frigorífico de muchos de ellos esté falto. Hoy era noche de fiesta. Noche de lujuria, pasión, ostentación, exceso, y por último, goce.
Pasé de largo y continué mi camino sin destino. Decidí reposar en una colina desde la cual podía divisar el pueblo desde arriba. Silenciosos, los ancianos descansaban, los adultos deambulaban, los jóvenes huían. Saqué la libreta y con el estilo de mi mano, comencé a escribir el paisaje.
Mis párpados se abrieron con los primeros destellos de luz. Tomé el camino de vuelta y durante la misma, me tropecé con aquellos jóvenes que huyeron del lugar donde yo había encontrado la paz. ¡Vaya caras! Las cremas de ellas reflejaban haber llorado durante la noche, los rostros de ellos mostraban otros productos de belleza que obviamente no les eran propios. Las medias rasgadas de ellas reflejaban la adrenalina del sexo; las camisas arrugadas de ellos, el trabajo bien hecho. Los tumbos del pelirrojo, el que sabe que ha hecho algo mal. El rostro serio del inmaculado, el que no hizo los deberes. Las risas divertidas de ellas reaccionaban ante lo que su amiga se había tragado. Una noche de historias, sin duda.
¿Pero quién dice que esas historias fueran mejores que la mía? La noche fue mágica, mereció la pena, si yo tenía una gran historia, o en su defecto, un par de frases buenas...
Paz!
viernes, 27 de julio de 2012
18.
Hoy es mi cumpleaños. Hoy es el día en que todo el mundo te quiere
un poco más de lo normal. Los que nunca pensaron en ti, hoy descubren su amor
por ti. Los que te odian, o te siguen odiando o camuflan ese odio, pero no te
dicen que te odian. Hoy es el día de las interminables llamadas de teléfono.
Todas tan secas, tan rutinarias, tan iguales, tan oficiales… Nunca me gustaron
mis días de cumpleaños. Esos días en los que pareces iluminado por algún foco
extraño que te hace protagonista, en los que todo el mundo espera que hagas
algo espectacular, algo deslumbrante, algo inolvidable. ¿Y por qué? Porque es
el día de tu cumpleaños. Para mí todos los días son especiales. Todos los días
hay algún motivo para sonreír más que el día anterior, pero menos que el
siguiente. Y no por ser hoy el día de mi cumpleaños, mañana va a dejar de ser
un día único.
Pero hoy no es un cumpleaños cualquiera. Cumplo dieciocho
años. Eso implica un cambio en mi vida irremediable e imposible es el volver
atrás. Me convierto en un adulto, y debo ser yo mismo el que responda por mis
actos. Es hora de ser responsable. Aunque, por otro lado, ¿es una ley la que te
dice cuándo eres adulto? Es decir, ¿a partir de ahora soy más hombre? No.
Si hoy según la ley me convierto en mayor de edad, es
gracias a mi familia. Gracias a los que me han inculcado los mejores valores
que conocen para convertirme en el día de mañana en una persona de provecho, en
una persona íntegra. En una buena persona. Gracias a mi padre, que me enseñó
que la honestidad en el trabajo era lo más importante. Que quién engaña, tarde
o temprano, lo paga. Gracias a él también por enseñarme que el mundo sin la
risa no suena tan bien, y que siempre es momento para sonreír. Papá, te quiero.
Gracias a mi madre, que me enseñó a sacrificarme por mi familia, por aquellos
que siempre están ahí. Me enseñó a entregar un amor incondicional, que tarde o
temprano, será devuelto. Mamá, te quiero. Gracias a mi hermano Víctor, por
permitirme el mirarle a los ojos y ver reflejado todo lo que yo fui un día, los
errores que cometí y las pequeñas cosas que tanto disfrutaba y sigo
disfrutando. Hermano, te quiero.
No me olvido del resto de mi familia, de los que tan
orgulloso me siento, y con los que siempre me agrada estar. Junto a ellos,
también os agradezco a vosotros, mis amigos, algunos que me estáis leyendo algo
menos que eso y otros, mucho más, casi miembros de la familia. Gracias por
ayudarme a ser como soy. Gracias a la naturaleza, por mostrarme una vía de escape
cada vez que necesito respirar. Gracias al arte, a la música, a la escritura,
por enseñarme que otra forma de ver la vida es posible.
Gracias a todos vosotros, hoy me siento muy orgulloso de ser
quién soy. De ser cómo soy. De pensar como pienso. De sentir como siento.
Hoy es un día especial, y por ello voy a celebrar mi
dieciocho cumpleaños de una forma original en estos tiempos; con mi familia.
Con los que siempre están ahí. Los que me dicen que me quieren todo el año, no
sólo el día de mi cumpleaños. Este día es para ellos.
Paz!
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