lunes, 20 de abril de 2015

Oportunidad

He corrido mucho, y siempre en círculos. He pisado arena, tierra, cemento y clavos; pero no soy un faquir. Sangro, y ni siquiera sé dónde estoy.

Me pregunto si ha merecido la pena correr, caminar, en pos de ese algo que realmente no existe, más allá de algún lugar en mi cabeza. Si he sido más feliz en dos años quemándome sin saberlo o en diez meses alejado. Si he obtenido la felicidad que verdaderamente quiero, merezco o necesito, o sólo aquella que un lado salvaje e irreal de mi alma implora. Si he pensado en mí mismo.

Y comprendes que no has sido más que un cobarde que no ha dejado de coleccionar miedo y melancolía, sin auténticas ganas ni de vivir, ni de sentir, ni de nada. Tragando llaves. Vendándome los ojos.


Besarte las heridas sin prometerte la cura. Darme una oportunidad.

domingo, 22 de febrero de 2015

Como el otoño

Cortaron la luz y la fiesta quedó en silencio. Palpé buscando la cartera a la altura del pecho y aprecié el vacío, más allá de las etiquetas de un traje robado y una camisa que devolvería planchada al día siguiente.

La banalidad te envuelve cuando calibras el peso de tus palabras, el coste de tu tinta. Descubres que no escribes lo que quieres. El enemigo entre tus sábanas y una voz insistente.

Me lo hacen tan difícil que evito mirar. ¿A quién le canto cuando procuro cegarme? ¿A quién le canto cuando la vergüenza me obliga a darme la vuelta haciendo como que no existe, como que no existes?

Sueño con ser de nuevo sin perder ni olvidar. Mientras, me pongo el sombrero y caigo, como el otoño.

domingo, 25 de enero de 2015

Tierra

Fuiste un tornado en un campo sin vida. Con poco, arrasaste con todo lo sembrado. Con aquello que tanto tiempo llevó sembrar; alzaste tierra sepultada bajo el sudor de mi sacrificio.

Te bastaron dos mentiras y un brillo de zafiro. Apenas mostraste la joya, te bastó la intención. Qué estúpido se siente uno cuando se cree capaz de combatir la unión de la Luna con la marea y súbitamente la ola más amable lo devuelve a la realidad del pez más enclenque. Qué osado; tan osado como las líneas que ahora siguen tus ojos. Aullaste pero no tardaste en reconciliarte con tu propio ser.

Agarrar la pala de nuevo implicó hacerse la pregunta. La misma pregunta de siempre. La que me roba los sueños en las noches que consigo dormir. Vi tu rostro en la tierra y te quise enterrar, pero no pude.

De nada sirve saborear lo insípido. El momento en que nos sentimos osada, estúpidamente invencibles. El rechazo que se asienta. El temor que crece.


Y al final, de la tierra nunca surge vida.

jueves, 15 de enero de 2015

El crimen

Era ella. Lo había vuelto a hacer, no me quedaba duda. Ese olor a pecado inocente, ese "las circunstancias me empujaron a hacerlo". Esas pistas, que quedaban en torno a la escena del crimen, marcando una senda que solo llevaba hacia un lugar: hacia ella.

Lo pretendió desde un principio, desde que comenzara esta masacre en la que la sangre quedaba en el cuerpo. Me propuse que sería la última víctima de esa maldad y, para qué ocultarla, mi incompetencia. La experiencia me armó sin pretenderlo: por primera vez sabía dónde buscar.

Demasiados fracasos. Demasiadas ocasiones en las que la miel resbaló por mis labios deslizándose por mi barbilla al pecho, inútil. Esta vez no se iba a escapar porque, aunque ella no lo supiera, yo también era ladrón.

Conocía la teoría, la práctica y el escondite. Ya hice arder los escrúpulos. Los quemé ante mis ojos, sin anestesia, repitiéndome que lo que el fuego devoraba no eran más que mis cadenas. Me adentré en el hurto y el delito entró en mí, como el sol en el mar a la noche.

No fui amable al tocar a la puerta. La llave no estaba echada. Por fin pondría rostro a ese oscuro ser que me robaba el sueño, que me hacía caer cuando quería volar. Una tenue lámpara iluminaba un cuarto pequeño. Alguien jugaba en el suelo. Ella era ella. Siempre la había conocido. Jamás la dejé de conocer. Me miró como siempre lo había hecho, con ojos que derriten razones. Y rompí a llorar.

Me sequé los ojos y, exaltado, descubrí sangre en mi rostro. Yo era ella. Yo la convertí en asesina. Yo la había matado.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Bienvenido

Había equivocado el objetivo, y cuando lo sospeché, no pude imaginar cuánto. Tuve que reconocerlo todo como desconocido para descubrir lo perdido que estaba.

Alguien toca a la puerta. Es el estado de ánimo que tanto me ha faltado. No diré que es una sonrisa porque no es mi boca la que debe portarla. Bienvenido sea; que no es el eterno anhelo sino la eterna búsqueda. Que no es la exigencia sino la incertidumbre. Que no es un deseo sino una vida.

Se apagó la antorcha en el laberinto oscuro y la penumbra me dejó ciego. Volví a ver sin ojos para que se hiciera de día.

Quien mejor comprende mi mundo regresó conmigo para reenseñarme por qué soy. No abrió las aguas; calmó al mar. Entre la niebla, vuelve a trazarse un horizonte.

No me deshice de ellos; mis complejidades y mis miedos hacen útil la mochila.

jueves, 25 de septiembre de 2014

La ciudad

Me dice que os cuente que se ha levantado con los ojos mojados, y es raro, pues hace años que no llora. Que las noches le recuerdan lo malo que habita en su interior, el sufrimiento dejado, alejado por los kilómetros impuestos. Quiere que os cuente que aún recuerda la ciudad.

Le cuesta pero reconoce que la convirtió en idea. Quizás fue la primera vez que dejó manchado el vestido de lo desconocido por su causa. Aunque no es menos culpable la ocasión, la última ocasión, en la que dejó escrito su nombre. Cuenta que, ciego, lanzó al mar su corazón, y que ahora deambula por puertos y calas buscándolo.

Que pasa frío, aun abrigado. Que el idioma es distinto y todo le suena nuevo, pero no extraño. Ríe, disfruta y se siente feliz, pero no olvida ese olor. Aunque lo intente. Sus esquinas, sus ventanas, las farolas que no se encienden. Aquel bar que jamás abrió, el banco desde el que vio amanecer. La pared donde comenzó un poema, la plaza donde lo terminó. Fuentes que ahora susurran su nombre, aullando como lobos con pena. La incomprensión al ver que las calles no llevan el mismo nombre. Aunque persiga ideas.

Dice que no la echa de menos, pero que la recuerda. Que la sigue queriendo, pero que necesita respirar.

domingo, 17 de agosto de 2014

Eclipse de silencio

En la búsqueda de un sol que al quemar dejara cicatrices en la piel encontró el eclipse, aunque quizás no tengan nada que ver. Se impuso el silencio, que no es tanto la ausencia de ruido sino de pasión en el sonido. Aunque sea ínfimo, aunque sólo lo escucharan ellos dos.

Alguien diría que el pirata al fin encontró el tesoro. Lejos de la realidad, más próximo al caballito de mar que dice adiós en un pozo. Los girasoles pierden el norte si no perciben la luz. Se dejó cortar y no dirá que no le dolió, suficiente como para aprender la lección, y querer más. Desde entonces, piensa más en el cuchillo.

Mas en medio del silencio y del eclipse, queda un goteo de luz que muestra sangre en el suelo. Si ya caminó por senderos que jamás nadie conoció, ¿qué diferencia existe en recorrerlos a oscuras?

Amando el silencio porque aunque cambien las mareas, el Sol y la Luna siguen siendo los mismos.