domingo, 27 de enero de 2013

Y feliz


Giré en torno a ti, adorándote cual ave que pierde todo respeto y miedo a quemarse.
Huí de ti, con intención de compensar una frente que pedía a gritos más fiebre.
Volvimos equidistantes, paralelos, entre sílabas que confían sin llegar a crear palabras.
Y mucho menos una frase.
Pero con el empezar de cero el nuevo amanecer, renace un fuego azul del interior.
Retoman las palabras que crean frases, textos, vuelven a cantar los alegres pájaros, y la fiebre aumenta hasta poder dormir en paz.
Esto es todo lo que te pedí, y ahora ese llavero tiene sentido. Puede que no llegues a ser la llave que abra mi corazón, pero siempre vas a estar acariciándolo, y haciéndolo sentir valorado.
Y feliz.

jueves, 24 de enero de 2013

Como una peonza



Gira mi Yo y con él tu universo, el vuestro, el de ellos, el de los que no ven más allá de la carne y el hueso. Bucle atemporal de devastadores pensamientos, sentimientos y percepciones. Un huracán que generan mi cabeza y mi pecho; por momentos con la misma intensidad ambos, por momento se desequilibra la balanza.

No sabrás si temer más a la locura de mi cabeza o al ardor de mi pecho. Puedo hundirte en las más oscuras tinieblas o hacerte arder en un abrazo de fuego. Y todo depende de donde caiga mi costado. Como una peonza.

Como una peonza de paso por este mundo que me mira loco; mas desconocen con qué mirada lo concibo yo. Depende de dónde deje de girar, puedo salvar el mundo, dejarme conocer, dar sentido a la existencia… o puedo retirarme a mi cueva, a descansar. Solo. Porque solo encuentro la paz, que es mi guerra interna, aislado de todos vosotros.

Y todo depende dónde caiga mi costado. Como una peonza.

martes, 8 de enero de 2013

Vuela conmigo


¿Qué decir?, si fuiste princesa en vigilia, manzana prohibida, colibrí que vuela libre, sensación jamás conocida. Siempre un misterio, frenesí cohibido, razón sin sentido, corazón que late al son de despertar soñando contigo.

¿Qué hacer?, ante la tentación de paladear las nubes rozando el cielo. Palabras que son palabras, y el amor, como todo, en realidad, sólo entiende de hechos. Hechos que quedan en lamentos y anhelos. Curiosidad y el querer ver más allá. Más allá del muro de la amistad eterna que defendemos.

¿Qué sentir?, cuando mi labio acaricie el tuyo. Cuando el aire que separa tu boca y la mía quede atrapado en una cárcel de amor. Al abrigar tus dedos y recorrer tu espalda con mi alma. Al darte todo lo que siempre soñé con darte, y recibir una pequeña parte de lo que sé que puedes darme.

¿Qué cambiará?, cuando llegue el momento. Y sí, cuando llegue el momento, porque sabemos que aún no es la hora, que las manecillas aún se persiguen la una a la otra, en una carrera por el firmamento que amenaza con tener fin. Fuiste, eres y serás mi vela, la que ahuyentó la oscuridad de mi propia cabeza y posteriormente dio color a días grises y lentos, tristes. Yo seguiré protegiendo con mi vida esa llama, para que ninguna ráfaga de viento, ni el azar siquiera, consiga apagarla.

¿Qué soñaré?, porque puede que no sueñe nada. O que mis sueños sean prolongaciones de mis días. O que sueñe con los ojos abiertos. Mi corazón fantasea con dos almas cogidas de la mano, una más oscura, más profunda y más consciente, la otra más pura, y más inocente. 

Sólo sé que lo que venga vendrá con un lazo. Que cogeré tu mano y tatuaré con la tinta más sincera un “siempre” en torno a tu muñeca. Y entonces… y entonces volaremos juntos.

miércoles, 2 de enero de 2013

Tinieblas


Abro la puerta de la prisión y me sumerjo en el abismo de cemento. Me sorprende su silencio, tan absoluto. Casi criminal. Lo ensucia mi caminar y me tienta permanecer inmóvil y otorgarme el antojo de saborearlo. Pero sé que tras las paredes, los cristales y las persianas hay miradas y entes, y yo no quiero parecer cuerdo.

Y en el fondo, la vida es verdad dentro de una mentira explícita. Hasta el banco donde me siento llora en su interior. Aunque no tanto como las farolas. Ni es tan paradoja, como una papelera.

Excitado al fin, y conectando con mi Yo, siempre a mi alcance una libreta y una ley a la que acogerme: la tinta. Pese a la sequedad de mis manos, consigo realizar algún garabato para entrar en calor y cazar ideas. Las palabras se suceden y se ordenan una tras otra en una anarquía formal y de pensamiento. Así llegan a “así llegan a”. Agujero negro, y el universo se estremece.

Prefiero no pensar en lo que ocurre cuando entran en tus ojos y se instalan en tu cabeza. Sólo diré que los árboles son agujas y yo pisoteo las hojas a mis pies mientras el cielo oscuro amenaza con romperse.

martes, 1 de enero de 2013

Manzana prohibida

No importa la distancia si lo que importa es el latir. Y siempre vuelves. Siempre, siempre. Te creo óxido en el recuerdo pero vuelves y te haces presente. Entumeces mis sentidos y no huelo tus manos sino el pasado. No recorro tu mirada sino aquella vieja fotografía en mi cabeza. No atravieso el desierto sino las pisadas.

Y me expongo, porque me expongo. Y me provocas, porque me provocas. Y hacemos entre los dos inútiles todas esas misteriosas apariciones envueltas en papel de plata y adornadas en sus mejores galas con inteligencia, sobriedad, y si Fortuna te sonríe, poesía.

Concluyo, eres una puta. Sal de mi vida si no vas a darme más que desgracias armadas en inocencia. Quiero los abrazos y los besos, el amor. No así tus malos ratos, mas jamás confundir con la reflexión. Trazo al diablo que me reconcome y me ofrece la manzana maldita por cuarta y quinta y sexta vez. Quién sabe si así lo invoco y es suicidio.

Yo sólo te puedo pedir perdón por enturbiar tu sonrisa y por mi mala cabeza.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Chico de barrio


La claridad de los ojos de Abdil contrastaba con su piel, de la misma forma que su madurez contrastaba con su edad.  Aprendió a pelear desde la cuna, o mejor dicho, desde la patera en la que atravesó el estrecho que separa el Despropósito de la Avaricia.

Pero en la aparente prosperidad también hay miseria. Más de la que muchos piensan. Por regla general, menos de la que sus ojos debieron presenciar, pero presenciaron. Cultivó rasgos secos en sus facciones, síntomas de apretar los dientes ante la injusticia y la impotencia de no poder enfrentarla. Pero por otro lado, aprendió de la vida.  Y nunca se aprende en exceso de la vida, o al menos eso defendió siempre él.

Aprendió que la literatura es literatura, y que no es belleza lo que nos devuelve el espejo de la realidad. Nada es fácil en la selva de cemento y el odio impregna las migas de pan en el suelo de aquella esquina solitaria que regenta un perro rabioso.

De ahí su tranquilidad. Nada le sorprende porque lo ha visto todo. Lo malo. Lo bueno, lo conoció en las historias que le contaba su madre durante su infancia hasta que cayó enferma cuando Abdil cumplió seis años.

No obstante, Abdil nunca soñó con cambiar el mundo. Bastante tenía con cuidar de sí mismo. Comprendió que el mundo se rige por la ley de la calle, y que no hay política que la controle. Siempre se impone. A la calle no sólo hay que respetarla; hay que complacerla y concederle sus caprichos. Sólo entonces parecerá que el poder lo tiene todo controlado. Abdil tiene doce años.

Pero aunque no lo parezca, siempre hay algunas pequeñas vías de escape en el barrio. Una de ellas era el fútbol. Jugaba con zapatos, no por elegancia, sino porque era lo único que poseía para calzarse. La pelota, lo que duraba, hasta que alguien decidía robarla, o bien se perdía o se pinchaba.

Jugaba con los mayores. Chavales de 16 y 18. Hombres de 20 y 30. Y no le intimidaban las patadas. Quería la presión. Se divertía. Su juego era descarado, pero respetuoso. Dulce, pero mortal. Y en el campo no había pobreza, ni pasado ni presente. Probablemente tampoco futuro. No había miseria ni miedo. La calle la limitaba una línea blanca, y no existía nada más allá.

Así pasó Abdil su infancia. Entre tinieblas y flashes. Entre odio y palmadas en la espalda. Entre la impotencia, la indiferencia y la ilusión. Entre la sonrisa y el ceño fruncido. Entre la claridad de sus ojos, y la oscuridad de su piel.

Paz!

viernes, 28 de diciembre de 2012

La Palabra queda muda

Mi vida cambió el día que decidí abrir un blog. Fue en mayo de 2011. Siempre me había gustado y atraído la escritura, pero nunca la tomé como un hábito. A partir de ese momento sí. Y fue como volver a nacer en el mismo cuerpo. Aceptar una nueva vida, una nueva compañía.

Porque creo que muchos no sois conscientes de lo que implica escribir. Me preguntáis que de dónde saco la inspiración.Y sonrío, porque la inspiración sois vosotros y la realidad que constituis. Tener vocación de escritor implica el pasear por la calle, o sencillamente estar sentado en el sofá, y no parar de dar vueltas a la cabeza buscando ideas, intentando bucear más allá de las imágenes que tus simples ojos proyectan en tu cerebro. Porque los escritores, más que nadie, sabemos que hay algo bajo la carne.

Metáforas. Esa batalla en la que buscas transformar lo simple en complejo y lo complejo en simple, tratando de abrigar algo la desnudez del que escribe. Porque a veces asusta lo desnudo que te encuentras, al menos para escritores como yo, que no engañamos nunca y nos limitamos a escribir con el corazón, que no tiene límites. Aterra pensar que ya no tu vida, que es lo de menos, sino que tus ideas, emociones y convicciones son públicas y están al alcance de cualquiera.

Y llega el periodismo y me agarra del cuello con sus dulces garras afiladas. Te emponzoña de curiosidad y de valentía, de querer conocer la verdad y mostrarla tal y como es. Comienzas a creer que ya eres periodista e incluso te dan la alternativa maestros del oficio que valoran tu hacer.

Y ya no eres sentimientos ni emociones. Eres trabajo. Tu cabeza no piensa en lo que siente tu corazón sino en el poder de tu escritura como medio de comunicación, como creador de la realidad. Conoces el poder del periodismo y te seduce.

La ciencia te escupe que un día no es más que veinticuatro horas. Simplemente veinticuatro horas. Veinticuatro horas que invierto en aprender a vivir fuera de casa, intentar cumplir con algunas tareas de la universidad, estudiar lo suficiente para ser un notable alumno y sobre todo, forjar un buen periodista, que es mi verdadera pasión.

Es por eso que lo dejo. No implica que deje de escribir. Pero poseer un blog para mí implica un compromiso con mis lectores y con mi persona. Exige el ser regular. Y no puedo prometer nada. Todo lo contrario. Ese compromiso me asfixia y provoca que mi escritura no sea libre sino que arrastre cadenas. Y yo soy de los que escriben volando.


PAZ!