lunes, 19 de noviembre de 2012

El héroe y su dama


Tras un paseo por el puerto de Málaga, decidí sentarme a escribir en el Paseo de los Curas. Armado con mi amado bolígrafo de tinta negra, desvirgué una hoja cualquiera de mi cuaderno decidido a crear la mejor historia jamás contada. Introduciría en mi relato doncellas y caballeros, hechiceros y dragones, justos y malvados, y una pizca de épica que lo convertiría en el cuento perfecto para leer a un hijo antes de acostarse.

Apenas tuve tiempo de escribir el título cuando un hombre de avanzada edad, quizás no tanta como para llamarle anciano, pasó por mi lado. Interrumpió –de forma involuntaria, o eso creí- mi tormenta de ideas y permaneció durante unos segundos fijando su mirada en el papel. Le devolví la mirada, pero él rechazó rápidamente el contacto. Imaginando que el buen hombre realizaba un descanso en su camino, volví a mi relato.

Yo me hallaba ya inspirado, ya que no necesito demasiado para estarlo, y en mi cabeza comenzaba a construir y a sacar brillo a la elegante armadura de mi protagonista, a la vez que me regodeaba en los detalles del vestido de la princesa a la que éste debería rescatar. Sin embargo, volví a sentir en mi mano la penetrante mirada del hombre. Esta vez sí me encontré con sus ojos pequeños y azules, temerosos y escondidos en unas cuencas repletas de ternura. Tímido, balbuceó una pregunta:

-Tú… tú no tendrás hora, ¿verdad?

El hombre parecía estar arrepentido de haber formulado la pregunta. A pesar de haber interrumpido la grandeza de mi historia por segunda vez, decidí ser educado y suelto con él:

-¡Claro! Son las siete y media, señor.
-¡Oh! Ya comienza a ser tarde para mí… Muchas gracias, joven.

Supuse que el hombre seguiría su camino, ya que por lo visto debía regresar a su hogar, si es que lo tenía. Pero no. Para mi sorpresa, el hombre decidió sentarse junto a mí en el banco, observando fijamente lo que estaba escribiendo.

-¿Qué eres? ¿Estudiante?
-Así es, señor.
-¿De Málaga o de fuera?
-Vengo de Granada.
-Buena tierra, la tuya… aprovecha el tiempo que estés aquí porque no volverá. Búscate una buena malagueña, que son muy guapas.

Divertido, no pude más que darle la razón. Cuando intentaba tomar la palabra, él se volvió a adelantar:

-Yo ya no soy el chaval que fui… hubo tiempos mejores para mí. Fiestas con baile, vino y mujeres. Aunque ahora mismo me veas caminando solo, un día fui importante. Las chicas se pegaban por mí, no por mi atractivo, sino por mis historias y batallitas. Pero claro, eran otros tiempos, otros tiempos…

Pese a tener por fin una oportunidad para hablar, permanecí en silencio. La voz del hombre había quebrado al rememorar un pasado, sin duda, mejor. Oteando el horizonte, quizás buscando allí al joven que un día fue, el hombre suspiró. Unos ojos que miran sin ver y una lágrima que se desliza por la mejilla y humedece una cuidada barba.

Finalmente, el hombre se levantó. Fijó su mirada en mi cuaderno por última vez y marchó sin despedirse. Tampoco yo dije nada. Continuó su camino. No se fue por donde había venido. Quizás no daba la vuelta. Tan sólo siguió andando, fundiéndose con el atardecer tras el puerto en una estampa que podría ser portada de cualquier libro.

Un personaje anónimo, con mucho que contar, pero sin nadie que le prestase atención. Un hombre silencioso y cabizbajo, deambulando en una gran ciudad. ¿Y quién dice que no es un héroe? Tan sólo no es la clase de héroe que ellos buscan. No trae la historia que quieren oír. ¿Y quién dice que no enamora a ninguna dama? Cuando la única diferencia es que su dama es un castigo; la soledad que le acompaña. Y quién sabe si siquiera la muerte podrá separarles.

Continué escribiendo bajo el título que previamente había elegido.



Paz!

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Duelo al Tao.


Nací contrario al hombre sabio y mi ejemplo no es tal ni sirvo para dar consejo. Condenado al sufrimiento pues dependo de él aunque no quiera sufrir. Mi corazón putrefacto por el acto de albergar ideas como honor y orgullo. Me abrazo a mi `yo´ y mi `yo´ me hunde. Pero antes dejo de respirar que soltarme. No pretendo limpiar la tierra de locura si el loco soy yo ni tampoco contemplar la vida desde la paz interior, si acaso desde el conflicto.

No hay ansia de plenitud en mi alma pues comprendo el descanso; sí de dejar mi nombre escrito y abrazar a la muerte sabiendo que fui mi propio dueño. Mis deseos distan de los tuyos y probablemente sean más sanos, y aunque me arrastren a la parca conllevan eternidad.

Siempre preparado para luchar aunque sin espada en mi cinto, los cinco elementos fluyen en mi instinto. Vanagloriándome alcanzo la gloria, y brillando por mí mismo ilumino este antro, permaneciendo invisible entre la niebla que no existe, para vosotros, pues la existencia no la comprenden los ojos. Dando la espalda a la luz y dirigiéndome a la oscuridad.

Quizás iluso, pero seguro, muestro mis puntos mortales porque se que no estoy a vuestro alcance. Y aún no logran convencerme para cambiar.


Paz!

viernes, 9 de noviembre de 2012

Amor es el horizonte; amar, el camino

 Como mi actual pasión y ojalá futuro oficio sin perder esa llama es el contar historias, hoy voy a contaros una muy especial que no hace mucho tiempo me susurró una chica misteriosa. Esta es la historia de Florín, el pájaro.

Florín rompió el cascarón al amparo de su madre en su nido, pero solo. No conoció a sus hermanos. Siempre estuvo solo, en parte, porque él quiso estarlo. Su madre fue ejemplar. Estuvo cuando la necesitó y logró que Florín nunca echara nada en falta, ni de menos.

Con el tiempo, nuestro protagonista se vio ante el momento de aprender a volar. Y no fue fácil, pues sus alas  y sus incipientes plumas lloraron más de un golpe. Sin embargo, un buen día por la noche, Florín se propuso volar a pesar del descanso de su madre. Y Florín voló.

No era pánico, aunque sí miedo. Con la voluntad de seguir adelante, pero echando la mirada al nido. Dicen que cuánto más densa es la oscuridad, más destaca la luz, y Florín encontró la luz en algo que intuía pero jamás había visto. Ni sentido. La Luna.

Florín había pasado toda su vida escuchando cuentos sobre el Sol, y de cómo un iluso ardió intentando alcanzarlo. Por esto último, siempre le tuvo respeto. Pero ella era diferente. Tan dulce, tan natural. Luminosa sin ser ardiente. Alumbrando sin ser fuego. Era tan diferente, que deseó posarse sobre ella. Y Florín voló.

Nuestro ya amigo voló toda la noche. Sin mirar atrás. Olvidando a su madre, a su nido e incluso a sus hermanos, a los que seguía con la esperanza de ver algún día y quién sabía si cerca. Estaba decidido. Ilusionado. Podríamos decir, incluso, que confiado.

Pero, ¡ay, amigo! La Luna es misteriosa, y a veces alumbra caminos que no quiere que sigas. Pero los alumbra. Y él los siguió. Con miedo a equivocarse, sí, pero con la sonrisa del romántico que sueña la fotografía de un futuro mejor.

Emponzoñado con el veneno que ciega la razón, Florín no contó con su estómago. Y su estómago rugió. Florín volvió al nido al amanecer. Interrogado por su madre, Florín no quiso dar explicaciones, sobrado en el supuesto de que la mejor respuesta la traería el viento.

Sin embargo, Florín volvió a sentirse pequeño. A sentirse frágil. Temió desaprender a volar, y por tanto, decidió que su aventura debía continuar aquella precisa noche. Con la oscuridad, el pájaro de la noche volvió a batir sus alas en busca de la Luna.

Florín voló durante horas. Horas y horas, siguiendo un camino que parecía no tener fin. Cansado, Florín pensó en la caída. Y tuvo miedo de caer y morir en el intento. De repente, la tuvo delante.

Estaba fascinado. Sobreexcitado. Pero quería hacer las cosas bien y, ciertamente, tenía pensado como seducirla. Daría cientos de vueltas a su alrededor, mostrándole su mejor cara y unos sentimientos sinceros; sus emociones, palpables; el abrigo de sus alas, suficiente.

Pero nuestro amigo se precipitó. Quizás no. O quizás sí. Pero eso ya no importa: nuestro amigo se quemó. Fue una quemadura sutil. Suave. Casi sin dolor. Dentro de lo que cabe, Florín tuvo suerte: sólo se quemó un ala.

Insistente, Florín decidió retomar lo planificado y comenzó a girar en torno a ella, con cuidado de no quemarse. Tanto observarla, en su plenitud, en su belleza, le hizo sentirse privilegiado, un poseedor de su confianza. No obstante, observar sin posarse, carecía de sentido. Y Florín se quemó las dos patitas.

Derrotado y herido en su orgullo, Florín volvió al nido. Y aunque derrotado seguía sintiéndose fuerte y responsable, en el nido se sentía pequeño, débil, inútil, frágil aunque protegido... y además, derrotado.

A pesar del trágico final, Florín volvió a la noche. Y la noche abrazó a Florín, haciéndole sentir seguro, fuerte y responsable. Decidió cambiar su mentalidad: ahora él sería la Luna, y sería ésta la que desearía su visita. Florín adoraría su propio reflejo, su propia luz. Y voló hacia su propio reflejo. Y voló hacia su propia luz.


Paz!

lunes, 29 de octubre de 2012

J' aimerais savoir.

J'aimerais savoir qu'est-ce que tu penses, si le son de ma chanson touche ton coeur comme ça fait pleurer mon esprit sous le silence de la pluie. Bien sur, je ne sais pas quoi faire, et la raison pourrait d' être que je suis un écriteur sans paroles pour réciter.

Paix.

martes, 16 de octubre de 2012

Cuerdo.

Hoy me he despertado alegre. Anda, ve a acostarte. Hacía tiempo que no me encontraba tan contento. Entonces, ¿por qué lloras? Porque soy feliz. ¿Y a qué viene esa cara tan larga, esa mirada baja y esos ojos grises? Ya no tengo miedo, el miedo me ha abandonado. ¿No deberías, pues, soltar a Ted? Es él el que tiene miedo. ¿Y por qué. si es así, has venido a buscarme tú y no él? Me sentía solo. Siempre te ha gustado estar solo. Sí... pero ahora necesito un abrazo. No puedo abrazarte. Recuerda que no existo. Aun así, te amo, y no quiero que nos separemos nunca. No puedo alejarme de ti. A veces parece como si tú también me amaras... ¿Quién dice que no lo haga? Me gustaría caminar por el parque... Ignoras que hace tiempo que tus piernas dejaron de responderte. ¿Llueve? No es necesario que lleves paraguas. Me gustaría leer un buen libro. No sabes leer. Léemelo tú. No puedes oírme. Yo no puedo ayudarte. Dime al menos qué hora es. ¿Por qué te interesa el tiempo si ya no perteneces a él? Voy a acostarme. Buenas noches. Ya es tarde. La luz del sol ya baña tu piel.


Paz!

miércoles, 10 de octubre de 2012

Un gran día.


Son las diez y media y Mamá llamará al teléfono fijo de este estudiante en su primer año en Málaga. Estudio Periodismo por vocación, o eso pensaba. Me preguntará qué he comido y, a continuación, que qué tal el día. Le diré que ha sido un gran día.

Y ha sido un gran día porque me he topado de frente con mis sueños. No, no los he soñado, los he tenido delante de mí, hablándome y mirándome a los ojos. Pude incluso tocarlos, mas qué osada falta de respeto hubiese supuesto tal atrevimiento.

Los tuve delante de mí. Susurrándome con la voz del que ha aprendido más que enseñado y luchado por algo que yace vapuleado en el suelo. Hablándome con la voz de la experiencia que dan tantos años trabajando,  combatiendo por dar vida a lo que quieren dar por muerto. Agitando mi conciencia con la voz del que ha apurado el límite de la censura, llegando más lejos de lo permitido. Ilusionándome con la voz del que gobierna los picos más altos en poco tiempo, pero paso a paso.

Hoy mis sueños se han materializado frente a mí. He visto el guerrero que me gustaría ser, cómo me gustaría ser recordado. Soportando una lluvia eterna que helará tus pies, penetrando el agua en tus zapatos. Pero aceptando ese sino. Siendo consciente de que sólo los valientes tienen un lugar en el Periodismo.


Paz!

lunes, 8 de octubre de 2012

Per què serà?

Serà perquè les llàgrimes en caure no sonen o perquè el sabor de la carn embogeix el sensat. Serà perquè els llavis deixaren l’estimar pel ferir, o perquè l’amor abandonà el risc pel joc i l’atzar el féu pres. Serà perquè jo prefereix la guerra.


Serà perquè les muses ja no juguen amb l’imaginació. Serà perquè el cel està ennuvolat i les agulles del meu rellotge estan en vaga. Serà perquè la meua brúixola assenyala una direcció que no existeix. Serà perquè l’alba no té parella.


Serà perquè el principi és la fi i la fi és el principi. Serà perquè allò únic cert és el trànsit. Serà perquè la vida és bruta però hi ha somriures que li donen brillantor. Serà perquè encara hi ha ànimes que riuen i ballen en llibertat. Serà perquè sóc el llop que udola a la lluna. Serà perquè volguera veure rere la màscara que tot ho corromp però ens manté amb vida.


Serà perquè aquesta nit tenia altres tasques que atendre, però elegí aquesta.


Serà perquè descanse en silenci.

Cortesía de mi camarada LUALLA!