lunes, 28 de noviembre de 2011

Por un porro de maría y unas caladas.

 No tiene a donde ir. Mejor dicho, tiene demasiados lugares a los que ir y ninguno en el que quedarse. Las arrugas de su cara delatan su sufrimiento, el sufrimiento de no haber tenido padre, tener que dejar los estudios por la economía familiar sabiendo que no le ayudaría en nada. Vio huir a su madre de la vida tendida en un portal. Ojalá él hubiese tenido esa suerte.

 Durmiendo con el miedo de despertarse en llamas, ni el más cálido verano le evita pasar frío. Él no entiende de calentamiento global. Ha de soportar a imbéciles hablando de la calle. "Soy real, de la calle", pero luego en invierno buscan refugio en el brasero de su casa.

 Ve pintadas antifascistas y piensa: "¿Qué es eso?". Escucha discusiones sobre Rajoy y Rubalcaba, sobre Stalin y Hitler, fascismo, comunismo, anarquismo... Le duele la cabeza. "¿Para qué coño sirve esa mierda? Dame cuatro paredes y algo de comer."

 ¿Teorías conspiratorias? ¿Fin del mundo? ¿Los mayas? ¿Paraísos fiscales? Dale para vivir. La huida de su realidad, la encuentra en la droga. Unas veces un cartón de vino, otras veces unos gramos de coca. Observa a niños de papá y mamá fumando porros creyéndose más raperos, pero ellos tienen ya la vida solucionada, y la están tirando por la borda. No lo entiende. Vive de las limosnas, pero cada vez son menos, pues va por la calle gritando y asusta.

 ¿Su felicidad? Su felicidad la encuentra cuando se aísla del mundo. Perder el rumbo para sentir que toca el cielo. No cree en la religión porque sabe que Dios no existe y no le hizo falta morir para vivir en un infierno. Vive para encontrar el porro que le proporcione felicidad, su felicidad, la que no se busca en libros de economía ni de teoría comunista...

 Porque mientras nosotros nos preocupamos por gilipolleces, otros sólo se preocupan por sobrevivir, por los cinco minutos que le dure un porro de maría y sus caladas...



 Paz!

No hay comentarios:

Publicar un comentario